IMAGEN DE APOYO CINE PINTADO. LUIS BUÑUEL Y SU PRIMERA MIRADA EN ITALIA

20 de diciembre de 2005 - 05 de mayo de 2006

Como señala el gran dibujante italiano Milo Manara hablando de los carteles de cine, «había en ellos tal potencia y al mismo tiempo tal realismo en aquellas imágenes que me cautivaban enormemente. Me fascinaban más que las mismas películas. En una única escena, representada con tintas fuertes y dramáticas, se concentraba mucho más de cuanto la película me habría después contado en una hora y media».

Con sus colores chillones, con la representación fidedigna de nuestros héroes, con las provocadoras curvas de las adoradas divas, con sus títulos a veces extravagantes, esos carteles nos prometían sensaciones, sueños, pasiones, aventuras y misterios que, a veces, después de ver la película, quedaban muy lejos de «nuestra» película, la que cada uno de nosotros había ya elaborado una vez contemplada la publicidad. Como dice el crítico Gian Piero Brunetta, «los carteles de cine encendían los sueños».

El espectador lo era ya desde el momento en que contemplaba el cartel. En una composición gráfica se encerraba la esencia de un film, a la vez que actuaba como una especie de guión y capturaba la atención del público. Por ello, entre otras razones, predomina el estilo narrativo, inspirado en las escenas más relevantes de la película, con un gusto por la retórica, el divismo y unas ilustraciones que intentan contar el film en un instante. Según el crítico Sergio Naitza: «el cartel es un músculo en tensión, paralizado en un esfuerzo, es la muerte de la película pero es también su resurrección, es reliquia y mirada que nos contempla».

Para Federico Fellini, «los carteles de cine son como cancioncillas, te llevan a ciertos momentos de tu vida impidiéndote perderlos. No sólo te hacen volver a la película, te traen a la mente la estación, el clima y el sabor de una época». Esta cita nos sirve para resaltar la importancia de estas obras y el resto de los elementos iconográficos que acompañan a las películas. Todos ellos, como conjunto, constituyen un objeto de interés cultural de primer orden, no sólo para la historia de la cinematografía, sinó también como expresión artística autónoma, reflejo de modas y gustos de una época.

Actualmente, museos e instituciones de primer orden disponen de una colección permanente dedicada al mundo del cartel, otorgándole un papel de relevancia y merecido mérito artístico. Considerada una más entre las manifestaciones artísticas contemporáneas, también se ha visto incrementada su aceptación en subastas y entre coleccionistas, con una valoración en alza. Han incrementado las publicaciones específicas y se están aplicando y creando nuevos criterios científicos para registrar, valorar e incorporar al legado cultural contemporáneo lo que ha supuesto el cartel de cine.

Gracias a los apasionados del séptimo arte muchas de estas piezas no se han perdido y podemos disfrutar de ellas y contemplarlas de nuevo, como es el caso de la exposición que nos ocupa.

 


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